Medicina, ética y profilaxis
Anoche mi hija jugaba a ser médica. Era una médica un poco rara porque entre inyección e inyección también me desenredaba el pelo. A ratos era una doctora mamá y yo me permutaba en paciente o bebé según sus instrucciones. Mientras yo fingía ser hija suya (¡qué experiencia!) no me quiso como paciente. A mí me sorprendió su criterio ético y profesional tan firmemente asentado (tiene 3 años). Tal vez los niños son así y tienen muy claro lo que está bien y lo que no, distinguen lo correcto de lo incorrecto con soltura. Será que a medida que nos hacemos adultos nuestro cuerpo pierde flexibilidad en beneficio de nuestro espíritu que acepta matices deontológicos que nunca hubiera suscrito en la infancia.
Un día se empeñó en visitar mi lugar de trabajo. Después del pertinente tour por la oficina le pregunté: “¿Qué te ha parecido? ¿bien?”. Me miró seriamente unos instantes y como compadeciéndose de mí me contestó: “MUY regular, mamá”. Me dejó frita porque yo pienso lo mismo pero utilizo mil eufemismos para describir una realidad que ella diagnosticó con precisión quirúrgica sin necesidad de radiografías. De una simple ojeada supo que muy regular. Será por eso que cada mañana me dice “mami, por favor, no te vayas a trabajar”. La niña médica aplica medidas preventivas.

esta muy lindo, mi hermanita tiende a dejarme helada con su fanquesa de niña grande.