Los tomates huelen a crema solar

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Me gusta llegar a hora temparana a los mercados, cuando los tenderetes apenas están montados y los payeses afrontan una más de sus jornadas. En invierno es una delicia detenerse en cada puesto a olisquear la fruta y la verdura fresca. En época hivernal el olor de los tomates compite con el del suelo húmedo por la lluvia y el del café recién molido de los bares próximos. En verano los mercados se llenan de gente ociosa y de turistas que impiden disfrutar de los aromas de las flores y las hortalizas expuestas. Los viajeros enrojecidos por el sol y el calor sudan a mares y los olores exóticos a coco y a flor de tiaré de sus cremas solares enmascaran los aromas frescos y naturales de los productos del mercado. En julio y en agosto más vale acercarse prontito al mercadillo de Santa María, antes que las hordas de turistas en autocar y los domingueros cansados de playa lo invadan todo. A mí me gusta recalar en el recuadro del mercado ecológico, donde Rafel expone su mercancía exenta de pesticidas y abonos químicos. Es un agricultor joven que atiende sus cultivos con ternura toda la semana y los fines de semana vende sus cosechas en los mercadillos de Santa María y Santa Eugenia. A veces le acompaña su novia, que es maestra en un colegio público del interior de Mallorca.

Hoy Rafel no ha dormido más de una hora porque abrazó la madrugada al son de las verbernas estivales. Su novia ha salido a navegar con unos amigos pero Rafel, que es un hombre de tierra adentro, todo lo adentro que se puede ser en una isla del Mediterráeno, ha preferido acudir a su cita semanal con el mercado y allí lo he encontrado yo, con los ojos oblicuos de sueño y, tal vez, de resaca, entre sus excelentes calabacines y exquisitas patatas, dignas del más sofisticado chef. Le he dicho que me sorprende que sus verduras permanezcan inalterables toda la semana como si un conjuro les hubiera conferido eterna juventud. Entre risas me cuenta que el secreto está en que él las recolecta el día antes de ponerlas a la venta. Le miro y en lugar de un agricultor veo un bon vivant. Estoy segura que traslada su alegría a las hortalizas que cultiva y por eso saben tan buenas.

~ por uepcity en Agosto 2, 2008.

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