El otoño
En el puente de Todos Los Santos nos hemos ido a Hamburgo. Me encanta esta ciudad alemana tan extensa y cosmopolita, su arquitectura, las calles arboladas, los canales y el lago Alster por cuya orilla transitan constantemente multitud de personas practicando deporte, paseando o buscando un hueco desde el que detenerse a contemplar el reflejo del cielo de otoño en el agua.
Hamburgo es una ciudad para visitar en las estaciones intermedias, en primavera y en otoño, cuando los árboles se renuevan o bien cuando desfallecen. El verde de las hojas en primavera es tan espléndido que deslumbra y, en otoño, maravilla la intensidad de los tonos ocres y dorados de los árboles en contraste con la hierba espesa de los parques, que son incontables.
Nunca me ha parecido tan vívido el otoño como en las calles de Hamburgo. Todo el color que despliegan las hojas de los árboles caídas y también las que aún permanecen suspendidas en sus ramas, compensa lo plano del cielo. De la mañana a la noche la luz cenital es siempre la misma, lo que produce cierto desconcierto.


Escribe un comentario